El cuento de dos ratones traviesos
Respuesta Rápida
Dos ratoncitos entran a una casa de muñecas preciosa y ven una cena fabulosa… pero es de mentira. Enojados, hacen desastre, y luego regresan para arreglar. Un cuento de Beatrix Potter sobre tentación, frustración y aprender a reparar lo que rompiste.
Por Qué Este Cuento Funciona para Dormir
Travieso pero suave, con final claro de “lo arreglo”. Buen mensaje para dormir: si cometemos un error, podemos disculparnos y mejorar.
El Cuento de un Vistazo
EDADES RECOMENDADAS
6-10 años
TIEMPO DE LECTURA
10 min
Sinopsis del Cuento
Lucinda y Jane tienen una casa de muñecas preciosa, con cortinas de verdad y cuartos ordenados como un hogar perfecto. Un día, mientras las muñecas salen, dos ratoncitos—Tom Thumb y Hunca Munca—entran a curiosear. Son ratones comunes dentro de un mundo muy elegante, y además tienen hambre. En el comedor encuentran una cena impresionante: langostas, jamón, pescado, pudín, frutas… todo perfecto, como listo para un banquete. Se emocionan, pero al intentar comer descubren la verdad: nada se despega del plato. La comida es de yeso pintado y pegado. Se ve deliciosa, pero no es real. La emoción se vuelve rabia. Se sienten engañados y empiezan a romper: tiran platos, golpean muebles, hacen un caos de ratoncitos. Luego se van, escondiéndose. Más tarde, cuando las muñecas regresan, la casa está hecha un desastre. Los humanos culpan a una cola de perro o a un accidente, pero fue travesura de ratón. Con el tiempo, Tom Thumb y Hunca Munca vuelven, y esta vez no para destruir, sino para ordenar: barren, recogen y tratan de dejar las cosas mejor. Hunca Munca se lleva algunos objetos pequeñitos, pero el tono es tierno: se trata de aprender, no de castigar. Al final, el cuento deja una lección suave. Es normal frustrarse cuando algo no sale como esperas, pero romper no arregla. Y si rompiste algo, siempre puedes elegir reparar. Hacer las paces también es crecer.
Extracto del Cuento
Érase una vez una casita de muñecas muy, muy bonita. Era de ladrillo rojo, con ventanas blancas y limpias, y tenía cortinas de muselina de verdad que colgaban suaves por dentro. También tenía una puerta delantera que se abría y una chimenea, como si fuera una casa de verdad. La casita pertenecía a dos muñecas : Lucinda y Juana. Bueno … en realidad era de Lucinda, pero Lucinda nunca pedía la comida. Juana era la Cocinera. Pero Juana tampoco cocinaba, porque la cena había sido comprada ya hecha y venía en una caja llena de virutitas. En el comedor, sobre la mesa, había un banquete precioso : dos langostas rojas, un jamón, un pescado, un pudín, y peras y naranjas. Todo se veía tan perfecto que daba gusto mirarlo. Solo que tenía una rareza : la comida no se despegaba de los platos. Una mañana, Lucinda y Juana salieron a pasear en el cochecito de muñecas. La habitación de los juguetes se quedó silenciosa. No había nadie. El fuego de la chimenea calentaba despacito, y todo parecía quieto. Entonces se oyó un ruidito : un rascar y un corretear muy pequeño cerca de la chimenea, junto a un agujerito bajo el zócalo. Asomó una cabecita por un instante. Era Tom Pulgar. Tom Pulgar era un ratón. Miró a un lado y al otro y volvió a esconderse. Un momento después asomó otra cabecita : su esposa,…
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En Una Mirada
En El cuento de dos ratones traviesos, Tom Thumb y Hunca Munca entran a una casa de muñecas y ven una cena que parece real, pero es de yeso y no se puede comer. Enojados, destruyen el comedor. Más tarde regresan y tratan de arreglar y ordenar, mostrando un cambio. La historia mezcla travesura con una moraleja amable: la frustración es normal, pero reparar el daño importa.