El cuento de la señora Tiggy-Winkle
Respuesta Rápida
Lucía pierde sus pañuelitos y descubre a una lavandera muy ocupada: la señora Tiggy-Winkle, un erizo que lava ropita en su hogar acogedor. Un cuento de Beatrix Potter lleno de calidez y rutina.
Por Qué Este Cuento Funciona para Dormir
Es doméstico y calmado, con detalles acogedores—jabón, canastas, té calentito. El misterio es suave y el final se siente seguro.
El Cuento de un Vistazo
EDADES RECOMENDADAS
6-10 años
TIEMPO DE LECTURA
11 min
Sinopsis del Cuento
Lucía es una niña ordenada que cuida mucho sus pañuelitos. Cuando algunos desaparecen, se inquieta y decide averiguar qué pasó. Recorre el campo preguntando con educación, pero nadie sabe. Entonces conoce a una criatura trabajadora: la señora Tiggy-Winkle, un erizo vestido como lavandera. La señora Tiggy-Winkle invita a Lucía a su casa—un lugar calentito donde se separa, se restriega y se tiende ropita pequeña. Adentro, Lucía ve prendas diminutas para animales: delantales, medias, vestiditos. El trabajo es activo, pero tranquilo, como una rutina que da paz. La señora Tiggy-Winkle es amable, práctica y orgullosa de su oficio. Incluso le ofrece a Lucía algo cálido para beber mientras conversan. Cuando termina la colada, Lucía vuelve a casa con sus pañuelos limpios (y con la sensación de que el mundo tiene ayudantes secretos). Más tarde, su mamá se pregunta de dónde salieron, como si fuera un sueño. El cuento de la señora Tiggy-Winkle es de los más acogedores de Beatrix Potter: un misterio suave que termina con telas limpias, té caliente y la idea reconfortante de que alguien cuida las cosas en silencio.
Extracto del Cuento
Había una vez una niña llamada Lucía que vivía en una granja llamada Pueblito. Era una niña muy buena, pero tenía un problema : ¡ siempre perdía sus pañuelos! Un día, la pequeña Lucía llegó al patio de la granja llorando. ¡ Oh, cómo lloraba! « ¡ He perdido mi pañuelo! ¡ Tres pañuelos y un delantal! ¿ Los has visto, Gatita Tabby? » La gatita siguió lavándose las patas blancas sin contestar. Entonces Lucía le preguntó a una gallina moteada. « Sally Gallinita, ¿ has encontrado tres pañuelos? » Pero la gallina moteada corrió al granero, cacareando : « ¡ Yo ando descalza, descalza, descalza! » Entonces Lucía le preguntó al Petirrojo, que estaba sentado en una ramita. El Petirrojo miró a Lucía de reojo con su brillante ojo negro, y luego voló por encima de una cerca y se fue. Lucía se subió a la cerca y miró la colina detrás de Pueblito. Era una colina alta que subía y subía entre las nubes, como si no tuviera cima. Muy arriba en la ladera, creyó ver unas cosas blancas tendidas sobre la hierba. Lucía trepó la colina lo más rápido que le permitían sus piernas. Corrió por un sendero empinado, subiendo y subiendo, hasta que Pueblito quedó muy abajo. ¡ Podría haber tirado una piedrita por la chimenea! Después de un rato llegó a un manantial que brotaba de la ladera. Alguien había colocado una latita sobre una piedra para recoger el agua, pero el agua ya se desbordaba, porque la lata no era más grande que una tacita. Y donde la arena del sendero estaba mojada, había huellas de una persona muy pequeña. Lucía siguió…
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En Una Mirada
El cuento de la señora Tiggy-Winkle narra que Lucía nota que faltan sus pañuelos y sale a buscarlos. Descubre a la señora Tiggy-Winkle, un erizo lavandero, en una casa acogedora llena de ropita para animales. Lucía ayuda y recibe su ropa limpia. El final tiene un toque soñador y reconfortante, celebrando rutina y bondad.