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El toque de oro (El rey Midas)

Respuesta Rápida

El rey Midas desea que todo lo que toque se convierta en oro, pero descubre que ese ‘regalo’ es una maldición: no puede comer, beber ni abrazar con seguridad. Es un mito sobre avaricia, gratitud y lo que realmente importa.

Por Qué Este Cuento Funciona para Dormir

Es reflexivo y termina con alivio y enseñanza clara. Para dormir funciona mejor con niños mayores, enfocando amor y gratitud.

El Cuento de un Vistazo

EDADES RECOMENDADAS

9-11 años

TIEMPO DE LECTURA

21 min

TEMAS
familiareflexivoreflexivoresolver problemasresolver problemasconsecuenciasconsecuenciasamorhumildadhumildadamorfamilia
También disponible enEnglish

Sinopsis del Cuento

El rey Midas tiene riquezas enormes, pero aun así quiere más oro. Cuando una fuerza mágica le ofrece un deseo, Midas pide el ‘toque de oro’: que todo lo que toque se vuelva oro. Al principio está feliz: ramas, piedras y objetos se transforman y el palacio brilla. Pero pronto descubre el precio. Al intentar comer, el pan se endurece en oro; la fruta se vuelve metal; hasta el agua se convierte en oro antes de poder beber. Lo cotidiano se vuelve imposible. Entonces llega el dolor verdadero: Midas toca a alguien a quien ama—su hijita—y comprende que su deseo pone en peligro lo más valioso. En ese instante entiende que estaba mirando la riqueza equivocada. Desesperado, suplica que le quiten el hechizo. La magia le muestra cómo liberarse y volver a lo esencial. Al final, el toque se va, la comida vuelve a ser comida, el agua vuelve a ser agua y el amor puede abrazarse sin miedo. El toque de oro recuerda que querer ‘más’ puede hacernos olvidar lo precioso, y que la gratitud también es riqueza.

Extracto del Cuento

Había una vez un rey riquísimo llamado Midas. Tenía corona, palacio y una sala subterránea donde guardaba su tesoro. Era un cuarto oscuro, casi como una bodega, con una sola franja de sol que entraba por una ventanita. Allí, cuando quería sentirse especialmente contento, bajaba a mirar su oro. Y Midas tenía una hija pequeña. Mucha gente ya no recuerda su nombre verdadero, pero es bonito llamarla Marigold. El rey quería a Marigold con todo su corazón. Sin embargo, también quería el oro de un modo extraño, como si el brillo amarillo le hubiera enredado los pensamientos. Si veía las nubes del atardecer, doradas por el sol, deseaba que fueran oro de verdad para guardarlas en su cofre. Y cuando Marigold corría hacia él con un ramo de ranúnculos y dientes de león, tan amarillos como monedas, él decía: —¡Bah, bah, hija! Si esas flores fueran oro de verdad, entonces sí valdría la pena arrancarlas. En sus años más jóvenes, Midas había amado las cosas sencillas: las rosas de su jardín, la música, el perfume de las flores. Pero con el tiempo, el oro fue ocupando el lugar de todo. Ya no miraba las rosas para disfrutarlas, sino para calcular cuánto valdría el jardín si cada pétalo fuera una lámina de oro. Y la música que más le agradaba era el tintineo de una moneda contra otra. Así que bajaba a su sala del tesoro, cerraba la puerta con llave y arrastraba hacia el rayo de sol sus riquezas: una bolsa de monedas, una barra pesada, una copa enorme. Solo le gustaba el sol porque hacía brillar el metal. Entonces contaba, y volvía a contar; dejaba caer el polvo de oro entre los dedos; levantaba la copa y miraba su cara reflejada en el borde pulido. —Oh, Midas, rey riquísimo —se susurraba—, ¡qué feliz eres!

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En Una Mirada

El toque de oro narra cómo el rey Midas pide que todo lo que toque se convierta en oro. Al principio disfruta, pero pronto no puede comer ni beber porque todo se vuelve metal. El aprendizaje se vuelve doloroso cuando su deseo afecta a alguien querido. Midas ruega revertir el hechizo y aprende que el amor y la vida diaria valen más que el oro.

Preguntas Frecuentes

Un rey pide el toque de oro y aprende que destruye lo simple y pone en riesgo lo que ama.

Puede sentirse triste o intenso cuando el deseo sale mal, pero termina con alivio y lección clara.

La gratitud y el amor importan más que las cosas.

Entre 7 y 11 años.