La anciana y su cerdito
Respuesta Rápida
Una anciana compra un cerdito, pero él se niega a saltar una cerca con escalones. Para lograrlo, ella arma una cadena divertida de peticiones—pidiendo ayuda a uno y luego a otro—hasta que, por fin, todo funciona. Un cuento acumulativo sobre perseverar.
Por Qué Este Cuento Funciona para Dormir
Es repetitivo y predecible (como una cancioncita), engancha sin dar miedo y termina con una sensación de alivio: “por fin se desenredó todo”.
El Cuento de un Vistazo
EDADES RECOMENDADAS
8-11 años
TIEMPO DE LECTURA
12 min
Sinopsis del Cuento
Una anciana está barriendo su casita cuando encuentra un seis peniques torcido. Decide darse un gusto: va al mercado y compra un cerdito inquieto. De regreso a casa llegan a un pequeño cercado con escalones. La anciana lo pasa sin problema, pero el cerdito se planta y se niega a saltar. Como quiere llegar a casa, la anciana busca una solución “en cadena”. Le pide a un perro que muerda al cerdito para que se mueva. El perro no quiere. Entonces le pide a un palo que golpee al perro. El palo no quiere. Le pide al fuego que queme al palo. El fuego no quiere. Le pide al agua que apague el fuego. El agua no quiere. Le pide a un buey que beba el agua. El buey no quiere. Le pide a un carnicero que mate al buey… y así sigue. Con cada “no”, la anciana añade un nuevo eslabón y el plan se vuelve más largo y gracioso. Hasta que uno por fin acepta, y toda la cadena se activa al revés: una acción provoca la siguiente, y así, paso a paso, el cerdito termina dando un chillido y—¡hop!—salta la cerca. La anciana aplaude de alivio, y por fin llegan a casa.
Extracto del Cuento
Una anciana barría su casita con calma, de esas veces en que el sonido de la escoba parece poner orden también en los pensamientos. De pronto, algo brilló entre el polvo. Era una monedita torcida. — Vaya — dijo, levantándola con cuidado —. ¿ Y qué haré yo con esta moneda? Ya sé : iré al mercado y compraré un cerdito. Se echó el chal sobre los hombros y salió al camino. En el mercado había voces, cestos de fruta, montones de verduras y el olor a pan recién hecho. La anciana miró aquí y allá hasta encontrar un cerdito pequeño, con el hocico curioso y los ojos vivarachos. — Ven conmigo, cerdito — le dijo con cariño. Pagó con su monedita torcida y emprendió el regreso a casa. El camino era conocido, pero antes de llegar había un paso con escalones sobre una cerca, un estilo para que las personas lo cruzaran. La anciana subió y bajó sin problema. El cerdito, en cambio, se detuvo. — Vamos, cerdito, arriba y al otro lado — lo animó ella. El cerdito olfateó la madera, resopló y se quedó quieto, como si el estilo fuera una montaña. La anciana miró la tarde que empezaba a caer. — Ay, si no cruzas, no llegaré a casa esta noche — murmuró. Dejó al cerdito junto al estilo y caminó un poco más por el sendero, buscando a alguien que la ayudara. Al rato se encontró con un perro que trotaba alegre. — ¡ Perro! — le dijo —. Muerde al cerdito ; el cerdito no quiere cruzar el estilo ; y yo no llegaré a casa esta noche. Pero el perro…
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En Una Mirada
En La anciana y su cerdito, una anciana compra un cerdo que se niega a saltar una cerca con escalones. Para resolverlo, pide ayuda en una cadena de solicitudes: perro, palo, fuego, agua, buey, carnicero y más. Todos se niegan, así que la cadena crece. Cuando uno finalmente acepta, las acciones se desencadenan en orden inverso hasta que el cerdito por fin salta. Es un cuento repetitivo y divertido sobre perseverancia y causa-efecto.
Preguntas Frecuentes
De un cerdito terco que no quiere saltar, y una anciana que arma una cadena de ayudas para lograrlo.
No; es repetitivo y gracioso, con final acogedor.
Entre 6 y 10 (y a menores también les gusta por el ritmo).
Si algo no sale, puedes respirar, insistir con calma y buscar otra forma.