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La mesa de los deseos

Respuesta Rápida

El hijo de un sastre recibe regalos mágicos: una mesa que sirve comida, un burro que suelta oro y un garrote que impone justicia. Cuando la codicia roba los regalos, la magia ayuda a recuperar lo que es suyo. Un cuento sobre justicia.

Por Qué Este Cuento Funciona para Dormir

Es muy satisfactorio: la gente buena recibe ayuda, la codicia se corrige y el final se siente seguro. Ideal para niños que disfrutan que ‘se haga justicia’ sin crueldad.

El Cuento de un Vistazo

EDADES RECOMENDADAS

8-11 años

TIEMPO DE LECTURA

20 min

TEMAS
perdónperdóngenerosidadgenerosidadfamiliafamiliahermanoshermanosresolver problemasresolver problemasconsecuenciasconsecuencias
También disponible enEnglish

Sinopsis del Cuento

Un sastre envía a sus hijos a aprender oficios, esperando que vuelvan con habilidades y un mejor futuro. Vuelven, sí—pero con regalos más extraños: objetos mágicos ganados con trabajo honesto. El primero trae una mesa de los deseos que, al ordenarlo, se llena sola de comida. El segundo trae un burro que, con una palabra, deja caer oro. El tercero trae un saco con un garrote que puede saltar y defender a su dueño. Un posadero codicioso se entera de los regalos y decide robarlos. Cambia la mesa mágica por una mesa común, sustituye el burro de oro por uno normal y se queda con la magia, dejando a la familia en la pobreza. Los hijos se sienten confundidos cuando ‘la magia’ falla… hasta que sospechan que alguien los engañó. El hijo menor llega al final y observa con cuidado. Con calma descubre la verdad y usa el garrote—no por gusto, sino para obligar al ladrón a devolver lo robado. Con la mesa y el burro reales de vuelta, la vida de la familia cambia: comida cuando hace falta, dinero para estar tranquilos y una lección clara sobre justicia. La mesa de los deseos no solo trata de magia, sino de cómo la honestidad puede ser protegida y la codicia no tiene la última palabra.

Extracto del Cuento

Érase una vez un sastre que tenía tres hijos y una sola cabra. La leche de la cabra ayudaba a mantener a la familia, así que el animal necesitaba buen pasto todos los días. Los hijos se turnaban para sacarla. Un día, el mayor llevó a la cabra al cementerio, donde crecían hierbas finas entre las piedras. La cabra saltó de un lado a otro y mordisqueó cuanto quiso. Al caer la tarde, el muchacho tiró suavemente de la cuerda y preguntó : — Cabra, ¿ ya has comido bastante? La cabra respondió canturreando : — He comido tanto, que ni una hoja más toco, ¡ meh, meh! — Entonces, a casa — dijo el muchacho. La llevó al establo, la ató bien y subió. Pero el sastre, que era hombre de comprobarlo todo, bajó con una lámpara. Acarició a la cabra y le preguntó : — Cabra, ¿ estás satisfecha? Y la cabra contestó, como si nada : — ¿ Con qué iba a estar satisfecha? Entre las tumbas anduve saltando, y no hallé comida, me fui sin probar, ¡ meh, meh! Al oír aquello, el sastre se enfadó muchísimo. Subió de golpe, llamó mentiroso a su hijo mayor y, sin escuchar razones, lo echó de casa con el metro de sastre en la mano. Al día siguiente le tocó al segundo hijo. Buscó un hueco junto a la cerca del jardín, donde las hojas eran tiernas y abundantes. Vigiló a la cabra todo el día, seguro de…

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En Una Mirada

La mesa de los deseos cuenta de tres hermanos que regresan con regalos mágicos: una mesa que sirve comida, un burro que produce oro y un garrote que hace justicia. Un posadero codicioso los roba y los reemplaza, causando confusión. El hermano menor usa el garrote para obligar al ladrón a devolver los objetos reales. Así la familia recupera seguridad. La historia resalta justicia y consecuencias de la codicia.