Madre Holle
Respuesta Rápida
Una niña trabajadora recibe trato injusto pero sigue siendo buena. Al caer a un mundo mágico y ayudar a Madre Holle sacudiendo camas de plumas, recibe una lluvia de oro—mientras su hermanastra perezosa aprende una lección pegajosa. Es un cuento sobre bondad y esfuerzo.
Por Qué Este Cuento Funciona para Dormir
Tiene estructura y final satisfactorio: las buenas acciones traen resultados cálidos. Las imágenes de ‘nieve’ y plumas son acogedoras y dejan sensación de justicia tranquila.
El Cuento de un Vistazo
EDADES RECOMENDADAS
6-10 años
TIEMPO DE LECTURA
14 min
Sinopsis del Cuento
Una viuda tiene dos hijas: una es amable y trabajadora; la otra, perezosa. La hija trabajadora hace casi todas las tareas y muchas veces la tratan con dureza. Un día, mientras hila cerca de un pozo, se le cae el huso al agua. Por miedo al castigo, se asoma… y cae dentro. Pero no se lastima: llega a un mundo extraño y luminoso. En el camino escucha a un pan en el horno que le pide que lo saque antes de quemarse; ella lo ayuda. Luego ve un manzano cargado que le pide que lo sacuda; también lo ayuda. Finalmente llega a la casa de Madre Holle, una mujer misteriosa que le ofrece quedarse si trabaja. La niña acepta y cumple con constancia, sobre todo sacudiendo las camas de plumas hasta que vuelan como nieve sobre la tierra. Madre Holle queda satisfecha. Cuando la niña extraña su hogar, Madre Holle la guía de vuelta al pozo. Al atravesarlo, cae sobre ella una lluvia de oro y vuelve brillando. La hermanastra perezosa, celosa, intenta hacer lo mismo, pero no ayuda al pan ni al manzano y tampoco trabaja bien. Cuando exige recompensa, recibe una capa de brea pegajosa que no se quita. Madre Holle es un cuento clásico de justicia: la bondad y el esfuerzo se notan, y los atajos traen consecuencias.
Extracto del Cuento
Había una vez una viuda con dos hijas. Una era bonita, amable y muy trabajadora. La otra era perezosa y no quería esforzarse. Pero la viuda quería más a la perezosa, porque era su hija de verdad. La otra, la hijastra, tenía que hacerlo casi todo en la casa. Cada día, la pobre niña debía sentarse junto a un pozo, al borde del camino, y hilar e hilar durante horas. Tanto, que las manos se le cansaban y le dolían. Un día, mientras trabajaba, la lanzadera se manchó. La niña se inclinó para lavarla en el agua del pozo, pero se le resbaló de los dedos y cayó hacia el fondo. A la niña se le llenaron los ojos de lágrimas. Corrió a casa y se lo contó a su madrastra. La mujer no la consoló. La regañó con dureza. “Si la dejaste caer”, dijo, “tendrás que traerla de vuelta.” La niña volvió al pozo y miró hacia abajo. No veía la lanzadera. Solo agua muy lejos, muy abajo. No sabía qué hacer. Con el corazón apretado por la tristeza y el miedo de regresar sin ella, saltó al pozo para intentar recuperarla. Todo se volvió silencioso. Cuando abrió los ojos, ya no estaba en el pozo. Se encontraba en un prado precioso, iluminado por el sol. Había flores por todas partes, miles y miles, como si el suelo fuera una alfombra de colores. La niña se levantó despacio y caminó por el prado, sorprendida y curiosa. Al poco rato vio un gran horno, lleno de panes ya cocidos. Los panes llamaban con vocecitas preocupadas: “¡Sácame! ¡Sácame! ¡Me voy a quemar; llevo mucho tiempo aquí!” “Claro que sí”, dijo la niña.
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En Una Mirada
Madre Holle cuenta que una hijastra trabajadora cae a un mundo mágico, ayuda a un pan y a un manzano, y trabaja con diligencia para Madre Holle sacudiendo camas de plumas para hacer ‘nieve’. Al volver, recibe una lluvia de oro. Su hermanastra perezosa intenta imitarla, pero evita ayudar y trabajar, y recibe brea pegajosa como consecuencia. La historia resalta bondad, esfuerzo y justicia.
Preguntas Frecuentes
Una niña trabajadora ayuda y trabaja en un mundo mágico y es recompensada con oro; su hermanastra perezosa recibe una consecuencia.
No mucho: hay una caída al pozo, pero llega a un lugar seguro y termina de forma reconfortante.
Entre 5 y 11 años, ideal si les gustan moralejas claras y magia suave.
Los actos pequeños de bondad cuentan, y el esfuerzo constante se ve.