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Pulgarcita

Respuesta Rápida

Pulgarcita, tan pequeña como un pulgar, recorre un mundo enorme: la llevan un sapo, la juzgan insectos y casi la casan con un topo… hasta que sigue su corazón y encuentra un hogar donde la comprenden. Un viaje tierno de Andersen sobre pertenencia.

Por Qué Este Cuento Funciona para Dormir

Es un cuento largo y soñador con episodios, fácil de leer por partes. Deja una sensación esperanzadora: aunque seas pequeño, puedes encontrar tu lugar.

El Cuento de un Vistazo

EDADES RECOMENDADAS

8-11 años

TIEMPO DE LECTURA

25 min

TEMAS
bondadempatíaempatíavalentíavalentíaperseveranciaperseveranciareconfortantereconfortanteindependenciaindependenciabondad
También disponible enEnglish

Sinopsis del Cuento

Pulgarcita nace dentro de una flor y es diminuta. Su mundo es hermoso, pero también difícil, porque todo a su alrededor es enorme. Una noche un sapo se la lleva para que sea novia de su hijo. Pulgarcita logra escapar, pero su viaje continúa de encuentro en encuentro. Un escarabajo la alza a los árboles; otros la juzgan y queda sola. Llega el frío, llega el hambre, y al final una ratoncita de campo la acoge en invierno. La ratoncita tiene buenas intenciones, pero planea para Pulgarcita una vida que no le encaja: casarla con un topo rico que vive bajo tierra, lejos del sol. Pulgarcita actúa con compasión. Ayuda a una golondrina herida, y esa bondad regresa como rescate. Cuando la golondrina puede volar, la lleva a una tierra cálida donde florecen las flores. Allí Pulgarcita conoce a alguien de su tamaño: un príncipe de las flores. Por fin encuentra un hogar que se siente correcto. El cuento recuerda que la pequeñez puede ser fuerza, y que la pertenencia vale la espera.

Extracto del Cuento

Había una vez una mujer buena que deseaba con todo su corazón tener un hijito. Lo deseaba tanto que, a veces, el deseo le dolía como una punzada suave. Un día, por fin, fue a ver a un hada y le dijo: —Me gustaría muchísimo tener una criaturita. ¿Puedes decirme dónde encontrarla? —Eso se puede arreglar fácilmente —respondió el hada. Y le puso en la mano un grano de cebada que no parecía como los demás: era pequeño, sí, pero tenía algo especial, como si guardara una promesa. —Plántalo en una maceta —dijo el hada— y verás lo que sucede. La mujer le dio las gracias, pagó lo que el hada pidió, y se fue a casa con cuidado, como quien lleva un tesoro. Plantó el grano en tierra blanda, lo regó y esperó. Casi de inmediato brotó un tallo. Creció con rapidez y se volvió una flor grande y hermosa, parecida a un tulipán. Sus pétalos eran rojos y dorados, pero estaban cerrados, como si la flor todavía estuviera dormida. —Qué flor tan bella —susurró la mujer, y se inclinó para besarla. En cuanto la besó, la flor se abrió. Y, en el centro, sobre un terciopelo verde, estaba sentada una niña diminuta, delicada y elegante como una gota de luz. No medía ni la mitad de un pulgar. La mujer la miró con asombro y ternura. —Te llamaré Pulgarcita —dijo—, porque eres tan pequeña. La cuidó con alegría. Una cáscara de nuez, pulida como si fuera de seda dura, le sirvió de cuna. Hojas de violeta azul fueron su colchón, y un pétalo de rosa, su manta. De día, la mujer ponía un plato con agua sobre la mesa y lo rodeaba de flores, con los tallos en el agua como si fuera una orillita. En el centro flotaba una hoja ancha de tulipán: el barquito de Pulgarcita. Con dos remos hechos de crin blanca, la niña podía cruzar de un lado a otro. Además, cantaba tan suave y tan bonito que parecía que el aire se volvía más amable cuando ella cantaba.

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En Una Mirada

Pulgarcita narra el viaje de una niña diminuta nacida de una flor. Es llevada de un lugar a otro y presionada para casarse sin querer. Pasa soledad e invierno, y casi termina bajo tierra con un topo. Tras ayudar a una golondrina, la golondrina la rescata y la lleva a un lugar soleado donde Pulgarcita encuentra un hogar y alguien que la entiende. La historia destaca bondad, resiliencia y pertenencia.

Preguntas Frecuentes

De una niña diminuta que viaja por muchos lugares hasta encontrar un hogar donde pertenece.

Hay tensión suave (se la llevan, pasa frío), pero el tono es tierno y termina feliz.

La bondad regresa y siempre se puede encontrar un lugar propio.

Entre 7 y 11 años, o por capítulos para 5–8 con guía.